viernes, 23 de noviembre de 2012

La señora de las palomas


Era una tarde primaveral y estábamos paseando mi novio y yo por el Retiro cuando pasamos al lado de una mujer de muy avanzada edad que estaba echando miguitas de pan a las palomas. Estaba sonriendo, pero en su mirada había un vacío desolador que sobrecogía.  A mí, que las personas mayores siempre me causan ternura, se me encogió el corazón nada más verla. Se lo comenté a mi chico, a lo que me contestó:

— ¿Cuál crees que será su historia?

Inmediatamente me puse a pensar cuáles podrían haber sido la serie de razones que la hubieran conducido a ese lugar, en ese preciso momento, lo que me llevó a otra pregunta: ¿realmente somos conscientes de la cantidad de decisiones que tenemos que tomar a lo largo de nuestra vida, y lo mucho que esta puede cambiar de escoger unas u otras? Y no solo me refiero a decisiones del tipo "a qué me quiero dedicar en la vida" o "quiero tener hijos o no", si no también a aquellas que crees insignificantes y no te piensas dos veces, pero pueden ser las desencadenantes de las mayores alegrías o desdichas de tu vida. Decidí que una de estas últimas fue la que condujo a la señora a estar en ese banco, ella sola, dándole de comer a las palomas. A continuación empecé a relatar la historia:

"Era una mañana fría, tal y como dolorosamente le recordaban sus articulaciones, pero tenía que salir, ya que era el cumpleaños de él, y le quería dar una sorpresa llevándole su tarta favorita. Le dejó durmiendo plácidamente y se fue con una sonrisa. Ir a por la tarta era un cambio en esa rutina que tanto le gustaba: por la mañana ella se quedaba en casa haciendo la comida, mientras él iba a por el pan y a por el periódico, y por la tarde se iban a pasear al parque, muchas veces con sus nietos, y si no hacía mucho frío se sentaban en un banco y alimentaban a las palomas. A lo largo de su vida había vivido innumerables sucesos, tantos que la mayoría ya los había olvidado, y por eso creía que ahora le tocaba vivir tranquilamente sin mayor preocupación que la de pensar qué haría de comer al día siguiente.

Cuando llegó a la pastelería vio como una de sus vecinas entraba y decidió ir a otra que quedaba un poco más lejos, para no tener que verla, ya que era una vecina insoportable que ni ella ni su marido aguantaban. Y ya estaba. En solo un segundo había tomado la decisión que cambiaría su vida a partir de entonces.

Al volver a casa vio que había una ambulancia aparcada en la puerta. "¿Qué habrá pasado?", se preguntó. A medida que se acercaba se preocupaba más, hasta que vio a su hijo mayor, muy agitado, que le dijo:

— Mamá, te estábamos buscando. Es papá...

A partir de ahí dejó de escuchar, de sentir, y se fue acercando a la ambulancia, pasito a pasito. Cuanto más se acercaba, más notaba como su mundo se iba desmoronando, hasta que su hijo le cogió por el brazo y le dijo:

— Mamá...no es buena idea que lo veas ahora. Déjame ir con él en la ambulancia, y luego te paso a recoger y te llevo al hospital. Mientras tanto descansa un poco.

— ¿Qué ha pasado? No llevo fuera más de media hora... - preguntó ella con un hilo de voz.

— Un vecino oyó un ruido fuerte en vuestra casa, y llamó a la policía. Cuando llegaron, al ver que nadie contestaba, echaron la puerta abajo y se encontraron a papá desmayado en el suelo de la cocina. Llamaron inmediatamente a la ambulancia. Creen que ha sido un ataque al corazón. - hizo una pausa - No pinta nada nada bien mamá...

Su hijo se echó a llorar. Lo abrazó y fue fuerte por él, como muchas otras veces lo había sido en su vida, como cuando se despellejaba las rodillas jugando o cuando le rompieron el corazón por primera vez. Solo que esta vez a ella también le habría venido bien alguien que la consolara y fuera fuerte por ella.

Tres días después la llamaron del hospital: "tenemos malas noticias señora, su marido ha muerto". Esas fueron las palabras exactas, las que se le grabaron con fuego y nunca podría olvidar en lo que le quedaba de vida. No podía parar de pensar que si hubiera ido a la pastelería que estaba más cerca, habría llegado antes a casa, habría podido socorrer a su marido y muy probablemente ahora mismo estaría allí con ella, como cada tarde, dándole de comer a las palomas..."

—...y por eso tiene esa mirada tan vacía, porque a su alma le falta una parte muy importante que podría seguir ahí si hubiera tomado otra decisión. Pero también está sonriendo, lo que demuestra que por muy mal que te encuentres o por muy mal que lo hayas pasado, siempre hay algo que te puede devolver, aunque sea en parte, la sonrisa; en el caso de esta señora seguir la rutina que había tenido con su marido a lo largo de los últimos años. Es su manera de recordarlo, de rendir homenaje al hombre de su vida.

Cuando terminé de contar la historia que me había inventado a partir de la señora de las palomas, nos quedamos en silencio. Solo se oía el gorjeo de los pájaros y las risas de los niños que jugaban cerca de nosotros. Pasaron uno, dos, tres minutos...

— Bueno… ¿y tú qué opinas? ¿He contestado a tu pregunta? 

miércoles, 4 de julio de 2012

Aviones

"Aviones a punto de salir", como en la canción de Pereza. Los aviones siempre me han puesto alegre. El poder coger uno y dar un giro de 180º a tu vida...es algo que me fascina. El poder escapar, así de rápido, por el aire, siempre ha sido una opción con la que me gusta contar. Los aviones deberían ser un símbolo de libertad (un poco paradójico ya que pueden llegar a ser claustrofóbicos), de emoción, de cambio...deberían. Al menos eso pensaba hasta hace poco. Cuando son precisamente esos aviones los que te separan de una persona, ya no te parecen tan buenos. ESA persona que tan feliz te ha hecho estos últimos meses, por la que no dejas de sonreír y en la que no dejas de pensar, esa persona. Cuando es ella la que coge un avión para irse al otro lado del mundo...entonces empiezas a ver los aviones de otro modo. Ya no son símbolo de libertad, cambio y emoción, sino de tristeza, desamparo y soledad. Supongo que hay que resignarse y dejar que la vida, esa dama irónica, siga jugando con nosotros...¿o no?


lunes, 12 de diciembre de 2011

Cosas que necesitas saber antes de empezar a leerme/seguirme.

Nada me da más pereza que escribir una presentación, peeeero tendré que hacerlo, aunque seré breve.
Bien, como el título indica hay algunas cosas que deberías saber sobre este blog en general y sobre mí, para que luego digas que no aviso:

1.- Dakota Ponyboy no es mi verdadero nombre (por si alguien lo piensa). Me puse Dakota por mi guitarra que se llama así porque es roja y ese tipo de rojo se llama Dakota, cosas de los fabricantes de guitarras. Además me gusta el nombre. Ponyboy por ser el protagonista de un libro que está entre mis favoritos del mundo mundial, “Rebeldes”. Se lo recomiendo a todo el mundo, aunque algún día haré una lista de libros que marcaron un antes y un después en mí.

2.- Me decanté por el fondo de las cabinas porque aparte de que Londres me fascina (casi tanto como NY, pero en Londres he estado y en NY no), y porque tiene bastante rojo.

3.- En cuanto a la foto de Charmander de mi perfil, no quiere decir que sea una friki, simplemente  me parece muy mono. Y bueno, qué leches, porque soy un poco friki también. Me pasé toda primaria jugando a Pokémon y Charmander era mi favorito.

4.- Si te agobia el rojo o lo odias profundamente, este no es tu blog, porque el rojo es mi color favorito y va a tener rojo. Mucho. De hecho, mi guitarra (como ya dije antes), mi portátil, mis cascos…todo eso es rojo. Y no me canso, hay que ver.

5.-El blog consistirá en historias inventadas por mí, otras reales, otras que no son mías pero me han gustado, siempre dejando claro quién es el autor, desvaríos que me den y necesite plasmar, que son muchos por cierto, listas de pelis o libros… o lo que me apetezca porque para algo es mi blog.

6.- Soy friki de muchas cosas: libros, películas, series, de Cuánto Cabrón, de videojuegos…pero no rollo WoW ni de esos que no salen de casa y se obsesionan, que también tengo mi vida social con gente no friki, a ver que os pensáis.

7.- Lo del título del blog tiene historia propia, ya la contaré otro día.

Y sin más dilación doy por inaugurado este magnífico y perfec… en fin, este blog.